Falsas creencias sobre las drogas que todo adolescente debe conocer

21/02/2020

Las drogas son ilegales
La realidad es que existen drogas legales y drogas ilegales. Una droga es una sustancia capaz de alterar el estado cerebral de la persona pudiendo afectar a sus facultades intelectuales y a su estado emocional o hacerle percibir nuevas sensaciones, y cuyo consumo puede crear dependencia.

El alcohol no provoca adicción

Al contrario de lo que se piensa, el alcohol es una droga que puede provocar adicción. De hecho, después del tabaco, es la droga con más personas enganchadas. Hay muchos más alcohólicos que personas enganchadas a la cocaína o el cannabis. Lo que ocurre es que, al ser una droga de consumo habitual, muchos alcohólicos pasan desapercibidos en los bares o restaurantes. Sin embargo, el alcoholismo es un trastorno mental muy grave que puede destrozar familias y la vida de quien lo consume. Por eso, es importante que no olvides que es una sustancia que puede provocar adicción.

Si es natural, es bueno

Una creencia muy extendida es la de que las drogas de origen natural, como la marihuana o el hachís, son menos dañinas que otras drogas que llevan aditivos químicos, como el tabaco. Sin embargo, lo que mide la peligrosidad de una droga no está en su origen, sino en el efecto que tiene sobre el cerebro. Estoy seguro de que entiendes que el veneno de una serpiente es algo natural, pero sin duda es más perjudicial que un refresco azucarado, que, aunque también es un poco perjudicial, solo es una sustancia alterada químicamente. No confundas lo natural con lo saludable. La marihuana, el hachís u otras drogas como el peyote o las setas alucinógenas pueden ser muy peligrosas.

Drogas Falsas creencias

Por probar una vez no pasa nada

Como bien sabes, hay distintos tipos de drogas y cada una de ellas tiene un impacto diferente sobre el organismo. Asimismo, hay sustancias y personas que pueden engancharse con más facilidad que otras. Por ejemplo, el tabaco tiene un altísimo poder adictivo y para muchas personas basta con probarlo tres o cuatro veces para desarrollar una adicción y volverse fumadores durante años o décadas. Al igual que el tabaco, la heroína es una droga muy adictiva. También existen distintos organismos y sabemos que algunas personas son más vulnerables a cierto tipo de sustancias. Por ejemplo, una única toma de una droga de diseño puede ser devastadora para algunas personas con mayor vulnerabilidad. No es raro encontrarnos a personas que, por haber consumido una pastilla una única vez, desarrollan un trastorno mental grave, como esquizofrenia o psicosis. No se puede saber de antemano si una persona es más o menos vulnerable a una sustancia como las drogas de diseño y, por eso, es mejor no probarlas, porque una sola toma puede provocar un trastorno mental grave.

Un camello es una persona que ofrece droga

Muchos jóvenes tienen la idea equivocada de que puede llegar el día en que un «camello» les ofrezca droga en la puerta de la escuela. La realidad es que esto no funciona así, y es esencial que lo sepas. Los camellos venden droga, pero no la ofrecen. Esto es especialmente importante, porque quiero que seas consciente y que estés alerta ante la posibilidad de que te ofrezcan droga. No será un camello, ni un narcotraficante. Ni siquiera será uno de los mayores del instituto. La droga siempre te la va a ofrecer por primera vez alguien que conozcas bien. Un amigo. Posiblemente no será tu mejor amigo, pero sí una persona cerca a la que consideres un amigo. En la mayoría de los casos, la droga la ofrece una persona que no la quiere probar sola, un amigo que no se quiere sentir culpable por ser el único que la toma, un amigo a quien le gustan las emociones fuertes y el riesgo y que cree que a todas las personas les gustan las mismas cosas. Pero la verdad es que no es así; no a todo el mundo le gusta o le interesa probar drogas, y muchas muchas personas dicen que no a las drogas simplemente porque quieren vivir libres. Por eso, quiero que recuerdes que la persona que te ofrezca alguna droga será un amigo, para que no te pille desprevenido, para que seas capaz de reaccionar a tiempo, como si esperases su pregunta, y puedas decirle simple y llanamente: «No. No quiero probarlo».

 

 

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