Cómo superar una ruptura

03/10/2020

La mayoría de las personas van a pasar al menos por una ruptura de pareja a lo largo de su vida. Es totalmente natural que, cuando dos personas no se entienden, no comparten los mismos intereses o la forma de ver la vida, decidan seguir caminos distintos. Esto es algo que todos entendemos, pero de alguna manera también es algo que aterroriza a la mayoría de la gente.

El temor a la ruptura es tan grande que muchas personas se aferran a relaciones que no funcionan. En muchos casos ese miedo les permite soportar demasiadas desilusiones, demasiadas discusiones y, en ocasiones, incluso malos tratos.

Si finalmente habéis conseguido romper, lo natural es que sientas dolor. Es importante que entiendas que ese malestar, que ese dolor es parte del proceso porque de otra manera no podrás superarlo. Y, de hecho, ese es el primero de los siete pasos para superar la ruptura.

1. Entiende que es normal que sientas dolor

De la misma manera que es imposible romperse una pierna sin que tu cuerpo sienta dolor, la realidad es que es muy difícil romper una relación sin que tu mente experimente dolor. La mayoría de las personas pone en su relación de pareja mucha ilusión e invierte mucho tiempo y cariño con la esperanza de que esa relación dure mucho tiempo. Romper supone en muchos casos partir en dos esas ilusiones y cariño invertidos. Es por eso que se solemos utilizar la expresión «romper el corazón», porque realmente hay algo dentro de nosotros que se parte en dos. Además, una vez que nos hayamos recuperado de ese primer dolor tan intenso, vamos a encontrarnos con otras dos emociones muy angustiosas: el miedo a la soledad y la nostalgia.

De la misma manera que es imposible romperse una pierna sin que tu cuerpo sienta dolor, la realidad es que es muy difícil romper una relación sin que tu mente experimente dolor.

2. Vuelve a las razones

Los sentimientos tienen un enorme poder cerebral. Son capaces de distorsionar nuestra percepción de lo que ocurre, de nuestra propia realidad. En algunos casos, la pena o la nostalgia son tan grandes que la persona puede sentir la necesidad de calmar esa nostalgia volviendo a llamar o a encontrarse con la persona que acaba de dejar. Es totalmente natural porque nuestro cerebro odia la incertidumbre, ese vértigo que nos produce la soledad, e intentará calmarla de todas las formas posibles. Por eso es importante que vuelvas a la raíz de tu decisión y seas capaz de recordar las razones que hicieron que vuestra relación no funcionara.

3. Recuerda que es algo positivo

Si ha sido de acuerdo mutuo, parece claro que las dos partes salen ganando. Si tú has tomado la decisión, entonces deberías estar tranquilo porque eso quiere decir que te diste cuenta de que esa persona no era para ti. Puede que no te prestara la suficiente atención, que no te hiciera sentir toda la seguridad que tú necesitas, que no te tratara bien o que no te hiciera despertar esa chispa que lograba encender al principio. Sea como sea si has decidido dejar a esa persona, posiblemente sea porque no es para ti.

4. ¿Y qué pasa cuando eres tú el que ha sido abandonado por tu pareja?

Pues que en estos casos también es algo positivo. Piénsalo por un segundo. ¿Te gustaría seguir pasando tiempo con una persona que no está enamorada de ti?, ¿con alguien que no está seguro o segura de querer estar contigo? Posiblemente no sea así. Todos queremos estar con alguien que nos quiera y que tenga la seguridad de que desea estar con nosotros.

5. Viaja atrás en el tiempo

Está demostrado que cuando pensamos en el pasado solemos suavizar nuestros sentimientos. Una mala respuesta, una infidelidad o un sentimiento de inseguridad se verán después de unas semanas o meses como algo poco significativo. Por eso es importante que cuando te invada la nostalgia intentes recordar cómo te sentías en esos momentos en los que por una o por otra parte la relación se terminó. La ciencia dice que esos sentimientos son probablemente más reales que los que tienes unas semanas después, cuando te estás replanteando la situación.

6. Contrasta tus percepciones pasadas

Cuando estamos siendo presa del miedo a la soledad y a la nostalgia, una visión externa puede ayudarnos. Olvídate de todos los argumentos que tu cerebro te está dando cuando estás triste o angustiado. Acércate a un buen amigo o amiga. A una persona que te conozca bien y sepa cómo te sientes. Simplemente pregúntale: «Cuando estaba con mi ex, ¿cómo me sentía?, ¿me veías feliz?». Un buen amigo te dará su opinión sincera desde el amor que siente por ti. Es posible que te diga: «Sí. Nunca te he visto tan feliz». Pero en muchos casos escucharás frases como: «No. Has sufrido mucho», «Siempre estabas preocupada», «Te decía cosas que dolían» o simplemente «No te trataba muy bien». Esas son señales de que en la vida real, y no en la realidad que ha construido tu nostalgia, esa persona no te estaba ayudando a ser feliz.

Conseguir olvidar a una persona y recuperarse de la pérdida de toda esa ilusión lleva tiempo y no hay atajos para acortarlo.

7. Date tiempo

Una ruptura no se supera de la noche a la mañana. Conseguir olvidar a una persona y recuperarse de la pérdida de toda esa ilusión lleva tiempo y no hay atajos para acortarlo. Echarte en los brazos de otra persona solo suele acentuar el dolor y el «echar de menos» porque puede traerte recuerdos de tu ex. Distraer la pena a base de beber, hacer muchas cosas o pasarte todo el día de compras tampoco suele ayudar porque lo único que suele hacer es «distraer la pena». La pena hay que pasarla y lleva un tiempo. Estarás mal unos días, o incluso unas semanas, triste o angustiado, pero puedes tener la seguridad de que poco a poco dejarás de sentirte mal. Date tiempo.

Como puedes ver, la nostalgia y el vértigo que produce la soledad pueden transformar tu percepción y hacerte creer que todo fue maravilloso junto a tu ex. Por eso, precisamente, para evitar que tus emociones presentes nublen tu percepción, es importante que intentes llevar tu memoria y tus sentimientos al pasado. Recuerda los motivos que llevaron a separaros, las discusiones, las faltas de respeto y las desilusiones. A fin de cuentas, se trata solo de confiar en ti. De confiar en que tu «yo» de hace unos días, semanas o meses tomó la decisión correcta. Date valor. Confía en ti.

 

 

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